sábado, 24 de enero de 2009

La importancia de las cosas

"La tendencia humana a juzgar importantes las pequeñas cosas ha producido muchas cosas grandes"
Georg Ch. Lichtenberg

A veces me siento solo.
Se que no es asi, que tengo pocos amigos, pero en los que puedo confiar para hablar de mis problemas, ser escuchado, aconsejado y apoyado. Se que estas personas se preocupan por mi y me lo demuestran día a día. Y aún así no puedo sino sentirme solo.
El tener pocos amigos condiciona varias de mis actividades. Además estas personas pertenecen a grupos distintos, viven en lugares alejados de mi y entre si. Por lo tanto a veces se complica organizar algo y termino pasando unos diías en casa aburrido.
Pero últimamente esta sensación se acrecentó.
Probablemente sean las vacaciones, y la disminución de la población que esta época provoca.
Probablemente sean los problemas que tengo en casa, que hacen que no pueda disfrutar mis momentos aca en mi hogar y tenga aun más ganas de salir a despejarme, a respirar aire fresco.
No puedo olvidar que al tener amigos dispersos por capital y alrededores, cada uno con uno o más grupos de amigos establecidos, se complica tener tiempo para organizar algo. Especialmente cuando las distancias no ayudan.
Pero todo esto solo ayuda a profundizar esta sensación, no es la causa de la misma.
En este momento siento que la causa de mi sensación de soledad es la importancia que le doy a las cosas.
Una palabra, un gesto, un plan, son cosas que se mantienen. No me gusta hablar en vano. No me gusta hacer charla de ascensor, ni hacer promesas en vano.
Me parece al pedo tratar de quedar bien con la gente.
Si me encuentro con un desconocido, no le digo "deberíamos encontrarnos un día de estos" cuando se que no me interesa hacerlo. Simplemente me despido. No me interesa quedar bien con nadie. Menos aún lo haría con un amigo, con una persona en quien confío.
Y sin embargo, día a día vo como la gente hace esto con sus amigos, cuando no hay necesidad alguna de decir cosas que luego no se van a hacer para quedar bien, porque luego no se hacen y quedan mal.
"Te llamo y arreglamos"
"La proxima semana salimos"
"Estaría bueno hacer X, despues hablamos"
"Por ahi sale Z, cualquier cosa te aviso"
"Dale, despues hablamos y arreglamos para hacer H que no pudimos hacerlo hoy"
"Hoy no puedo hacer W pero por ahi la semana que viene o la otra si, hablamos despues"
Cuantas veces que se dice esto, luego se hacen las cosas de las que se habló? Sin temor a fallar diría un 30%.
La gente está acostumbrada a decir estas cosas como algo más. Pero yo le doy importancia a las cosas. Si alguien me dice que después me avisa para hacer X, yo espero que me diga para hacer X. Y la mayoría de las veces, la otra persona se olvida, no quiere, no puede o nunca tuvo la intencion de hacer X.
Si por ahi sale Z, espero que me avisen también si Z no sale. Y eso nunca pasa. Si Z no iba a pasar, para que mierda dicen que por ahi sale? Para quedar bien? Para no cancelar X y dejar todo en la nada, prometen un posible Z? Y si era posible Z y al final no se da, no creen que la otra persona se merece saber que Z no pasa?
Las palabras tienen un poder enorme. Son causa de maravillas y atrocidades. No hay que utilizarlas en vanas promesas, en comentarios superficiales solo para quedar bien. Al menos no entre amigos, porque después de todo la otra persona espera algo de uno. Y estas cosas solo traen decepciones.
Por ahi la mayoría de la gente olvida las cosas que se dicen. Por ahi yo tengo una memoria superlativa, que me permite recordar como pasar un videojuego de hace 15 años, que ropa tenia puesta una amiga hace un año y medio, que me dijeron hace 2 años o simplemente acordarme de las cosas que se dijeron hace una, dos, tres semanas atras.
Pero el problema no es mío. El problema es del que dijo las cosas. Si no tenía la intención de llevar a cabo lo quedijo, o no sabía si podría hacerlo, no debería haberlo dicho. Una vez que las palabras salen de su boca, ya no hay vuelta atrás.

Otra cosa que ocurre a veces es que las cosas se dan por sentadas.
Me molesta muchísimo cuando en momentos de necesida una persona te llama todos los días, te manda sms, te habla por msn, manda mails y quiere verte. Pero cuando las cosas están bien, si te encuentra conectado te habla y sino pueden pasar dias, incluso semanas sin hablar.
Total, para que gastar credito en uno, si ya saben que uno está cuando lo necesitan. Mejor usar el tiempon y crédito en otra persona, no?
O son concientes de que están fallando en algo, pero como no saben si pueden arreglarlo, dejan que la amistad se deteriore poromision o falsas promesas.
También es feo cuando uno está para lo que sea, pero si necesita algo no sabe a quien acudir.
O ser conciente de que cuando uno sale con sus amigos es por iniciativa propia, pero que sus amigos nunca intentan salir con uno. Si se da algo es porque uno insiste e insiste hasta que se arregla. Nunca al revés, nunca una proposicion de la otra persona.

Por eso me siento solo.
Porque si no llego a aparecer en el msn no hablo con nadie, salvo que yo inicie el contacto.
Porque si no es por mi insistencia, las unicas salidas que tendría (exceptuando a Christian) serían ir a almorzar después de algún trámite o tomar algo luego de la facu.
Porque si no me llego a cruzar con mis amigos y no soy yo quien manda un sms paso semanas sin saber de laotra persona.
Porque muchas veces dicen de hacer cosas que luego no se dan, no porque se caiga el plan sino porque nunca intentaron siquiera que pasen. No se si es por compromiso, si realmente tienen la intenció y luego lo olvidan, o por otro motivo.

Son nimiedades, boludeces, pequeñeces. Pero yo siempre digo que son las pequeñas cosas, los detalles, las atenciones, los gestos, lo que demuestra genuino interés en la otra persona.
Yo se que soy muy querido por mis amistades, que se preocupan por mi. Como dije al principio, tengo pruebas de ello que me ablandan, me hacen una mantequita cursi.
Pero en estos momentos de soledad y reflexion, son estos detalles los que me hacen sentir que estoy más solo de lo que pensaba.

Por ahi la falla está en los otros.
Por ahi está en mi.

Si está en los demás, las razones son las expresadas anteriormente. Pero si está en mi, que es lo más probable... que es lo que tengo que arreglar?
Acaso doy demasiado de mi a los demás, y espero algo a cambio?
Pongo las necesidades de los demás antes que las mias?
Me brindo tanto que dan por sentada mi presencia?
Pongo demasiada atención al detalle, y por lo tanto espero cosas que no debería esperar?

Creo que el problema está en mi definición de amistad. Yo creo que hay niveles. Y solo llamo amigos a las personas más cercanas a mi, aquellas por las que daría mi vida.
A esas personas me brindo por completo, de corazón, y voy a estar siempre que lo necesiten.
después tengo conocidos más o menos cercanos, con los cuales bromeo, salgo, me divierto. Pero no tengo el mismo trato con ellos.
Y ellos nunca van a estar al mismo nivel que mis amigos.
Por ahi inconcientemente yo espero que mis amistades cercanas noten esto, y que me den una muestra de aprecio. Tan solo un gesto, no que actuen igual que yo. Porque yo me brindo en demasía, y eso es un defecto.

Pero estoy divagando.

La idea central de todo esto es que yo creo que las pequeñas cosas son muy importantes. Obvimente que estas no son nada sin las grandes cosas en las que se sostienen. Un sms sin una preocupacion genuina, sin un sentimiento sincero de cariño y amistad, no significa nada.
Pero por mas que el sentimiento está, a todos nos gusta sentirnos queridos, sentir que nos tienen presentes.
A mi me miran raro cuando de la nada mando sms delirantes contando algo extraño que me pasó en el dia. O cuando llevo un regalo, ya sea un peluche, una tarjeta, un chocolate, un helado, una invitacion al cine, etc. O cuando digo "te quiero" tantas veces.
Y por ahi estan en lo correcto, pero me gusta tener estos gestos con mis seres queridos que dejan en claro que siempre están presentes para mi, que no me olvido de ellos. aunque ya lo sepan.
Y por eso el no recibir una respuesta, un sms por iniciativa de la otra persona, una invitación a salir si no es por insistencia mía o lo que sea, produce lo que dije antes.
No porque no sepa que las personas me quieren, sino porque lo hacen, pero no lo demuestran, ya sea porque no les interesa, porque prefieren usar esas demostraciones en otro lado, o lo que sea.

Es como si fuesemos mejores amigos... virtuales. Pero en la realidad, si no fuese por insistencia mía la amistad no se sostendría de ninguna forma.

Y en días como hoy... bah, en semanas como esta(s) es cuando me gustaría tener la capacidad para desatarme sentimentalmente lo suficiente como para no tener estos gestos. Como para dejar a mis amistades atras, solo hablarles si los encuentro en el msn, o si me hablan. Solo salir si me lo dicen.
Y comprobar si soy yo que los abrumo con estos gestos y por lo tanto no tienen porque tener los suyos. O si ellos son así con todos, pero tarde o temprano tendrían un minimo gesto como para mantener una amistad.
O si, por el contrario, dejarían que la amistad se dañe, se erosione, hasta el punto de desaparecer, ya sea por falta de interes o tiempo. Bah, de interes, porque el tiempo para los amigos se fabrica, aunque sea unos minutos, una hora para hablar y ver en que andan.

Tal vez debería darle menos importancia a las cosas. Tal vez así yo no me preocuparía tanto por los demás. Y tal vez así los demás notarían mi ausencia y harían algo al respecto. O no.

viernes, 23 de enero de 2009

Percepciones

"El hecho de que una opinión haya estado muy difundida no es prueba alguna de que no sea totalmente absurda; y por cierto, en vista de lo tonta que es la mayoría de la humanidad, una creencia extendida tiene más posibilidades de ser necia que de ser sensata."
Bertrand Russell: La ética cristiana en el matrimonio y la moral


Es raro como funciona la percepción humana. Como el entorno social modifica dichas percepciones y convierte en aceptable algo que de cualquier otra forma sería una pelotudez.
Si un pibe va a una comiquería y compra 4 o 5 historietas o videos, es un bicho raro, un freak. La gente se burla de él, es un paria.
En cambio, si un pibe se compra el Winning Eleven 2009 trucado para poder jugar con los relatores de fox sports, teniendo ya el normal, el trucado con la liga argentina, el 2008, el del mundial, el de las olimpíadas, los Pro Evolution Soccer (que son el mismo juego), los fifa y quien sabe cuantos juegos más, es re piola.
Si una persona habla de star wars, star trek o alguna otra serie de culto, es un nerd. Si alguien habla de bailando por un sueño, casi ángeles, gossip girl, lost o fútbol de primera, está en la onda.
Juntarse a jugar un juego de cartas coleccionables, o ir a un cyber a jugar DOTA, al Age of Empires o algo así es de ñoño, pero juntarse 20 huevones con camisetas de futbol a jugar al winning eleven es re copado.
Saberse los diálogos de alguna pelicula o serie extraña, o ver algo de humor "raro" (inglés por ejemplo) es de aparato, pero no lo es saberse la formacion de un equipo de la 3ra división de ucrania.
Me imagino que en el caso de las mujeres pasarán cosas similares.
Peor aún es el caso de las relaciones.
Las mujeres se ven atraidas por los "gatos", los jugadores. Aquellos que se las dan de machos, que se las saben todas, que toman a las chicas como objetos, trofeos si se quiere. Los que ponen primero a sus amigotes, al futbol y sus actividades y luego a ellas. Los que van a bailar y después cuentan a cuantas se comieron como si fueran presas. Los que somos buenos, atentos, amables, con un gramo de cerebro y que nos preocupamos por ellas solo calificamos como amigos. Y es a ellos (nosotros) a quienes recurren ellas cuando el gato con el que salen, el que les gusta, etc; no les da bola, las maltrata, las engaña.
Con los hombres pasa lo mismo. Cuanto mas perra la chica, más la quieren tener. Buscan a aquellas que tienen la mayor cantidad de tipos dandoles vuelta. Cuanto más grandes sus tetas, mejor. Nadie se fija en las chicas buenas, amables, inteligentes, divertidas. Y claro, aquellos que lo hacen notan que ellas están atrás del gato más cercano.

Digo yo: que le ven a esas personas? Es tan fuerte el condicionamiento causado por el entorno que la gente no ve más alla de la superficialidad y nota que jugar todo el dia al wining eleven y leer historietas es igual de enfermo? Que un tipo que le quiere dar a todas le va a poner los cuernos a cualquiera? Que las perras son eso, perras, y no te van a dar bola mas de unos dias?
Tan dificil es abrir un poco la cabeza y notar estas cosas?
Yo entiendo que haya chicos y chicas que no busquen nada serio y por lo tanto busquen gatos/as. Pero aquellos/as que si quieren una relacion estable también lo hacen, y después se sorprenden de la verdadera personalidad de la gente. Seguramente si el entorno social fuese distinto, actuarían de manera opuesta.

Francamente no lo entiendo

jueves, 22 de enero de 2009

El Adios

El sol era demasiado fuerte, aún desde el horizonte. El calor sofocaba sin dar un poco de aire dentro del auto. El tráfico no ayudaba, a ésas horas todo el mundo regresaba de su trabajo, a retirarse sobre la paz y la calidez de su hogar. La mayoría de los vehículos llevaban sus faros encendidos, ya que la noche amenazaba desde lo más alto con apropiarse de ése día en tan sólo unos minutos. Gabriel poco a poco dejaba la rutina detrás y ya se dejaba invadir por los momentos que tendría junto a Elizabeth.

Por su mente desfilaban pensamientos de más, aún fresca ésa discusión que muy temprano de mañana había tenido con ella. Una estupidez, tal vez algunos celos y palabras que se dijeron sin meditar siquiera. Eso lo hacía entender que a veces la gente prefiere perder el tiempo en problemas en vez de soluciones. En vez de disfrutar. Aún así, se permitía recordar esos abrazos largos e inacabables en la cama, viendo tal vez alguna que otra película, dándose besos entre charlas sin terminar, dejando que la punta de su nariz jugara inocente en su cuello. Un suspiro escapó de sus labios y sonrió inconsciente.

Pasaron dos horas hasta que finalmente Gabriel aparcó junto a la casa donde vivía desde hacía ya tres años junto a su prometida. El frente tenía una gran puerta de madera, con dos ventanales enormes a sus costados. Delante, un amplio jardín con flores lilas y naranjas. Por él se plantaban dos glorietas que interrumpían el camino hacia la casa, obligándolo a realizar un par de curvas antes de llegar a ella. Cubriendo las columnas de las glorietas, flores colgantes y alguna que otra orquídea apenas florecida. La casa tenía un primer piso y un balcón en la parte delantera que conducía a varias habitaciones.

Gabriel permaneció unos minutos en el vehículo, admirando la casa que con tanto trabajo le había costado. Un sueño que hacía no mucho tiempo parecía difícil de lograr. Pero ahí estaba, toda suya y de Elizabeth. Decidió bajar finalmente y dirigirse hacia ella.

Al llegar a la puerta, notó que se encontraba entreabierta. Caminó hacia ella con sigilo y al tocarla, fue abriéndola de a poco. Asomó su cabeza en silencio y una vaga sensación de soledad le hizo sentir que la casa se encontraba vacía. No, no podía ser, Liz tenía que estar en la habitación, ya que no tenía clases de fotografía ése día. Entró despacio y sin hacer ruido, cerró la puerta y se ubicó en el medio del hall de entrada. La casa realmente parecía estar vacía.

Caminó hacia la cocina y al llegar a ella, abrió inmediatamente la heladera. Tomó un poco de jugo de naranja en una botella y la cerró. Bebió sin pensar, sintiendo cómo el calor se iba apagando dentro de su cuerpo. Dejó a un lado la botella y salió rápidamente del lugar. Se dirigió hacia las escaleras y sin dudarlo, comenzó a subir. Con cada peldaño que dejaba pasar, más se animaba a pensar que algo no estaba bien. Pensó en llamar a la policía, metiendo la mano en el bolsillo de su saco, donde guardaba su celular, pero al pensarlo dos veces decidió esperar un poco y averiguar bien qué sucedía.

"Qué estúpido que fui" se decía por dentro, lamentándose el haber reñido con su bella novia. Una y otra vez se decía que no debía perder el tiempo en esas cosas, cuando en realidad podría haberlo disfrutado con ella. Y así fue como recordó aquella primera vez en que hicieron el amor. Habían comprado la casa hacía dos días y aún no habían tenido el tiempo para estar solos con tantas cosas por hacer y acomodar. Pero llegó el momento y todo fue tan cuidado, tan despacio, tan bello, tan especial y único. Ella se había entregado completa y él sólo quería cuidarla. Sentir su piel pegada a la de él fue como perder la vida que había llevado hasta ése momento y renacer con una completamente nueva, llena de vida y felicidad. Cada suspiro, cada gemido, cada grito, cada susurro habían sido grabados en sus oídos para siempre, como muestra de la pasión que habían dado comienzo ésa tarde.

Inconscientemente dejó escapar una lágrima, pero enseguida se dio cuenta de ella y la quitó con su pulgar.

Y llegó finalmente al primer piso. Se dirigió hacia la habitación, sintiendo muy profundamente una mala sensación, una especie de premonición barata. Al llegar a ella y ver la puerta abierta de par en par, entendió el porqué.

Todo se encontraba demasiado ordenado. La ropa en su lugar, la mesa de luz sin vasos ni jarras con agua, los zapatos debajo de la cama, el placard cerrado. La cama se hallaba tendida y las frazadas dobladas pulcramente a sus pies. En el medio de ella... una carta.

Gabriel pudo sentir cómo un escalofrío le recorría la espalda.

Se acercó a ella lentamente y al llegar, la miró de reojo. Podía oler el perfume que se desprendía de ella y eso vaticinaba tal vez un final. Tanto misterio, tantos nervios, tanto silencio. Todo eso significaba una cosa.

Levantó la carta y debajo de ella pudo ver un anillo. No hizo falta alzarlo para darse cuenta de qué anillo era. Era el anillo de bodas de Liz. Sus ojos se llenaron de lágrimas y con la poca entereza que le quedaba, evitó llorar. Las piernas le temblaban, el corazón latía tan fuerte como nunca, sus ganas se volvían impulsos imposibles de controlar. Sintió la imperiosa necesidad de salir corriendo, sin siquiera abrir la carta y saber la verdadera razón del anillo sobre la cama y no en el anular de su preciosa prometida.

Sus brazos se dejaron caer como si al cuerpo entero le pesasen, luego sus rodillas y así, su cabeza miró al suelo, tratando de entender una decisión tan dura e inexplicable. Sus lágrimas mancharon sus rodillas y poco a poco en su mente fueron desfilando miles de momentos vividos a su lado. Ya no la vería sentada sobre la mesada de la cocina, moviendo sus piernas provocativamente mientras él cocinaba. Ya no la tendría como compañía en sus brazos y recostado en el sillón del living, mientras alguien decía cosas que ni escuchaba en la televisión. Ya no tendría una excusa para descubrir un rincón perdido por la casa en una lucha de besos y roces llenos de deseo. Todo parecía haber terminado. Todo.

Alzó la mirada al techo y cerró los ojos. Sin dudarlo un segundo, se levantó y echó a correr por el pasillo, bajando las escaleras sin reparar en un tropiezo que podría llegar a costarle la vida. Al dejar las escaleras, se lanzó hacia la puerta. Pensaba en correr y correr sin parar, hacia quién sabía dónde, olvidando todo lo dejado atrás y sobre todo de llorar por un final que se le había escapado de las manos. Olvidar, si. O tal vez enterrar... o dejar atrás...

Abrió la puerta y se encontró ante la imagen de Elizabeth. Compartía en su cara las mismas lágrimas que Gabriel había soltado hacía segundos. Una maleta colgaba de su brazo derecho y llevaba un pequeño bolso en su brazo izquierdo. Lucía una blusa celeste y una falda blanca hasta las rodillas. El pelo lo llevaba suelto y su rostro sin nada de maquillaje. "Aún llorando se ve hermosa" pensó él en sus adentros. Pasaron varios segundos en silencio, tan sólo oyéndose el vago sonido de las respiraciones aceleradas. Entonces ella habló.

- Perdón... pero es que olvidé mi anillo...
- No te servirá como recuerdo...- contestó él enseguida.
- Para qué quiero un recuerdo si puedo tenerte toda mi vida.- sentenció ella.

Elizabeth no pudo soportar la situación y se abalanzó hacia sus brazos. Gabriel la abrazó tan fuerte, como si no la quisiera dejar escapar jamás y cerró sus ojos, dejando que sus pensamientos se acomodaran de nuevo. Permanecieron así por varios minutos y finalmente él la besó. La besó como aquella primera vez, con la misma pasión, con el mismo deseo, con la misma locura. Al cabo de unos minutos, ella se apartó y susurró en sus labios:

- Hay momentos en la vida en que uno quiere detener tanto dolor...
- Shh mi cielo...- la interrumpió Gabriel poniendo un dedo en sus labios.- Aquí no hay que detener dolor... porque lo único que hay entre tú y yo es amor.

Y volvió a besarla, dejando que el mundo murmurase alrededor de ellos. Dejando que el destino se guardara en sus bolsillos ésa mala jugada que les había preparado. Dejando que sus corazones decidieran por ellos. Olvidando todo... menos de amar.

FIN

Templanza

Siempre estaba arrodillado, siempre. Ya fuera por devoción demostrada a su señor o por devoción demostrada a sus creencias. Pero fuera como fuere, siempre estaba con la rodilla hincada en tierra. Al comenzar todo esto, él estaba de rodillas, delante de la imagen de la Sagrada Señora, rezando para que le diera fuerzas pues el rey le había mandado llamar de nuevo, y eso le preocupaba. Él era muy fiel a su señor, muy pero, que muy fiel pero... Había que admitirlo, el rey no era una persona muy... sensata a la hora de mandar a sus caballeros a cumplir misiones. La última misión, por llamarla de alguna manera, había sido escoltar a su hijo el príncipe desde los puertos hasta el castillo, lo cual sería más o menos razonable si el rey no hubiera mandado a todos, absolutamente todos sus caballeros para hacer ese servicio de escolta real. Es un poco ridículo, además de sobrecargado, ver a trescientos caballeros del rey custodiando al príncipe y más sabiendo todos en el reino que el rey odiaba al príncipe tanto como el joven príncipe odiaba al rey. Pero bueno, a él no le importaban las excentricidades de la realeza... A él le importaba su honor y sus misiones y la principal era servir al rey y eso haría. Cuando ya pensó que la Señora había escuchado sus plegarias para obtener por una vez una misión de honor y normal, el caballero se levantó mientras recogía su espada del suelo. Al estar ya de pie, puso su brillante espada en su funda y se colocó bien su armadura.
El pasillo que separaba la capilla del salón del trono era estrecho y húmedo, parecía más el pasadizo de unas catacumbas antiguas. En algunos de sus trechos él tenía que caminar con dificultad y de lado, rozando su armadura pesada por las paredes húmedas y frías. A veces él se preguntaba por qué aquella zona se diferenciaba tanto del resto del castillo... Pero no era tiempo para divagar. Era tiempo para ver a su rey y para recibir una misión que con un poco de ayuda de dios sería una misión de verdad.
-Por fin llegas, ya era tiempo –el rey hablaba siempre desde su trono, jamás se levantaba de él, muchos pensaban que hasta comía y dormía ahí, lo cual era obvio una exageración pero...
-Mi señor, ¿me llamasteis a vuestra presencia? –jamás miraba al rey a la cara, eso parecía molestarle, así que se fue arrodillando e forma elegante y mirando al piso, mientras hablaba.
-Basta de lisonjas, Sir Albert, os tengo una misión de vital importancia para la Corona y para la Iglesia.
-Os escucho, Majestad –el caballero no mostraba emoción alguna pero en su interior sonreía, pues se avecinaba una misión gloriosa, en su mente ya se veía cumpliéndola.
-Sir Albert, estuve hablando con el Arzobispo y por lo visto sois un caballero de honor y un fiel siervo devoto de la Iglesia –El caballero sonreía de forma tenue ante las palabras de su señor.
-Me halagáis en exceso, Su Alteza.
-No lo creo... Bien, mejor voy al grano. Sir Albert, he pensado enviaros al frente de un grupo a Las Cruzadas...
-¿¿¡¡Las Cruzadas!!?? –El Santo Grial... Fue lo que se le pasó por la mente de forma instantánea al caballero.
-Si, a Las Cruzadas. Mis consejeros han seleccionado un preparado y fuerte grupo de honorables caballeros de maravillosa reputación y quiero que vos los lideréis en esta empresa... Para gloria de la Corona y sobretodo de La Iglesia. ¿¿Aceptáis, mi lord??
El caballero no tardó en contestar y un Si voló por sus labios antes de que su cerebro pudiera siquiera pensar en eso. El rey le ordenó levantarse, le dio las gracias muy a su modo y el caballero, después de una reverencia mayúscula a su señor, se marchó a dar con Sir Bation.
Sir Bation era un caballero de ahora raída armadura y desaliñado porte que había caído en el olvido, aunque en su día fue uno de los más grandes y honorables caballeros y uno de los que más renombre le dio a su orden de caballería, ahora solo era un viejo amargado que vivía de los viejos días y de entrenar a nuevos caballeros. El rey también lo había puesto a cargo de preparar las misiones de los caballeros por eso el joven caballero lo tenía que visitar para poder saber más de su misión. Tampoco le disgustaba tener que ver a Sir Bation de nuevo, pues el anciano caballero había sido su mentor y podía decir que este último le enseñó todo lo que sabía de la caballería y el arte de la guerra.
El camino hacía las estancias de los reclutas era muy simple, solo bajar desde el piso del salón del trono hasta las caballerizas y un poco más alejado de estas, estaban los barracones donde jóvenes escuderos se preparaban para ser caballeros de pleno derecho después de haber servido a su vez a otros caballeros como aprendizaje. Al llegar Sir Albert vio al viejo caballero, a grito pelado, instigando a acelerar la marcha a los pobres escuderos bajo su entrenamiento, unas palabras pasaron rápidamente por la cabeza del caballero: “Os compadezco, chicos, sé lo que es eso”. Pero no tenía tiempo para divagar, así que se acercó a Sir Bation y lo interrumpió.
-A pesar de que os veo ocupado, mi lord... ¿puedo osar interrumpiros? –dijo Sir Albert mientras se acercaba al viejo caballero y le hacía una reverencia que olía a burla.
-Albert, jovencito, que gusto me da verte –el anciano caballero de oxidada armadura se lanzó a los brazos de su pupilo y le dio un paternal abrazo –Creo que sé a lo que vienes, has hablado con el Rey, ¿verdad?
-Por supuesto, Sir Bation, hablé con el Rey y me comentó. ¿Es cierto que lideraré un grupo de selectos caballeros para ir a Las Cruzadas?
-Ja, ja, ja... Tú no estás pensando en Las Cruzadas, chico, sino en el Santo Grial, has sentido atracción por la Sagrada Copa de Cristo desde que te conozco y créeme, de eso hace ya muchos años.
-Si –dijo de forma apagada el caballero sin poder evitar bajar la cabeza y que le apareciera cierto rubor en las mejillas –He soñado con traer el Cáliz Sagrado desde tierra infiel desde que era un mozalbete. Pero... ¿Es cierto que podré?
-Por supuesto, jovencito, tendrás un grupo de caballeros, entre los que se encuentran hombres de tanto renombre como Sir Arthur, Sir Armand, Sir Espegol... Hombres valientes y honorables que te obedecerán en todo. Tendrás una lista de deberes en tierra infiel, entre los que están combatir a los moros infieles en su propia tierra y recuperar reliquias sagradas cristianas, el Grial siempre está entre ellas, de hecho, encabeza la lista.
-¡¡Maravilloso!! –Al caballero se le iluminaban los ojos al hablar, muestra de la felicidad de su corazón –Podré hacer el bien a donde vaya, pelear por mi honor, por la corona y por Cristo y también podré traer su Sagrado Cáliz de vuelta con los cristianos. Y encima tendré a grandes y poderosos caballeros, no puedo ser más dichoso.
-Cierto, cierto, te conozco lo suficiente para saber que es así. Ahora, Albert, solo tienes que reunirte con los caballeros que estarán bajo tus órdenes en la salida de la ciudad, ya todo está preparado, así que monta tu caballo y vete con ellos. La ruta y todo, todo está listo para tu gloriosa misión.
El joven caballero le hizo una reverencia a Sir Bation pero esta vez sin aquel deje de burla de la última y cuando se empezaba a alejar en dirección a las caballerizas, el viejo lo llamó:
-Y procura matar muchos infieles en tu misión, eso complacerá al Rey y a Cristo, después de todo, son solo animales que no siguen a un dios verdadero.
Sir Albert asentó con la cabeza y se fue. Al llegar a las caballerizas solo tuvo que preparar a su caballo y montarlo, para dirigirse al encuentro de sus hombres. Sus hombres, que grandes le sonaban esas palabras, eran como un eco enorme de algo. Un eco de algo que lo hacía sentirse grande a él también, hasta eso se notaba a su paso por la ciudad donde su barbilla estaba más alta de lo que había estado nunca en toda su vida. Hasta el trotar de su caballo era hermoso, elegante y muy altivo, como si supiera de alguna forma que ahora podía sentirse orgulloso de ser la montura de ese hombre. A pesar de que el trote de su orgulloso corcel era muy pausado, no tardó en llegar al encuentro de los hombres que lo esperaban para que los guiase. Algunos le eran del todo desconocidos pero otros eran muy familiares para él, como el anteriormente citado Sir Arthur o Sir Gabriel. Era una imagen maravillosa para él, el ver a tantos caballeros y escuderos, corceles y armas, todos y todo en una misma zona y todo para él. Los caballeros le empezaron a saludar y a presentarse.
Después de un rato de que los caballeros que le eran desconocidos se presentaran y los que eran sus compañeros habituales le saludaran, estos empezaron a presentar también a sus escuderos, todos diciendo los magníficos futuros caballeros que serían. Entonces Sir Albert cayó en la cuenta de que no tenía escudero, casi se ruboriza hasta que apareció un jovencito de piel muy morena y pelo negro desordenado, este se acercó al caballero.
-¿Vos sois Sir Albert, no es cierto? –dijo el muchacho.
-Si, yo soy Sir Albert, ¿Y tú quién eres?
-Mi nombre es Amad, soy vuestro escudero y guía –dijo el muchacho con una sonrisa en los labios.
-¿Escudero y guía? ¿Tú vas a ser nuestro guía, jovencito? ¿Cómo es eso posible? –al caballero tal cosa le parecía improbable. El niño para escudero estaba bien pero no para guía, era demasiado joven, ¿Cómo podía saber un niño cual era el camino correcto si a lo mejor nunca había salido de las faldas de su madre?
-Oh, Sir Albert, miradlo, el niño nos guiará porque es de esas tierras. Él pertenecía a tierra infiel, pero no os preocupéis, es de confianza. Es uno de los pocos moros de confianza –dijo Sir Peter, mientras le pasaba la mano por el pelo al jovencito hasta despeinarlo.
-Ah, claro, bueno, está bien. Es un placer conocerte, joven Amad.
-El placer es mío, mi lord. Mejor comenzamos ya la marcha, señor, si os parece bien. Nos queda un largo camino por delante –el joven hablaba con timidez, aunque también había gran respeto y algo de miedo en su tono de voz.
-Si, bueno, si tú lo crees conveniente, comencemos con la marcha.
Todos se movieron, montando sus caballos y caminando en la dirección que los guiaba el pequeño. El niño parecía saber a donde exactamente caminaba, parecía saber cual era el camino correcto, lo cual sorprendió gratamente al caballero, el cual empezó a sentir un rápido aprecio por el pequeño. Mientras cabalgaban, juntos casi siempre, se iban contando cosas, el uno del otro, mientras avanzaban en su camino. Amad le contó a Sir Albert que, en las últimas cruzadas, unos caballeros lo encontraron después de una incursión en un poblado árabe y que se lo llevaron a su país, allí se crió en las costumbres cristianas, no sin olvidar parte de lo aprendido en su tierra, por lo que ahora era guía, por su extraordinaria memoria.
El caballero le contó que era de origen pobre y que llegó a caballero por méritos propios y con mucho dolor y esfuerzo, cosa muy rara para la época pues casi todos los caballeros lo eran por ser de casta noble, sin más requisitos que ese, lo cual a Sir Albert le parecía muy deplorable pero si todos lo admitían, a él le parecía bien. El caballero le fue contando batallitas durante todo el viaje, lo cual hacía las delicias del niño, el cual oía con mucha atención al caballero y lo miraba con aquellos ojos negros llenos de brillo. El viaje sucedió sin contratiempos durante dos meses, que fue lo que lo tardaron en llegar a territorio infiel, en donde empezaron a encontrar problemas, pues algunos moros les empezaron a atacar en grupos pero los caballeros, valientemente, los iban eliminando, dejando un rastro de sangre en su entrada en tierras árabes. Los cruzados solo perdieron unos pocos hombres en esas incursiones, escuderos en su mayoría. El dolor por los caídos fue aminorado al conseguir llegar a una ciudad infiel y recuperar en ella una reliquia sagrada. La ciudad, primera a la que entraban, quedó destrozada y la gente huyó de ella, lejos de los caballeros, pues no dejaron a un solo infiel vivo en su camino, solo los que huyeron sobrevivieron. Una vez en el campamento, los cruzados comenzaron a admirar su sagrado tesoro, el cual no era el grial, para la desesperación de Sir Albert.
-Pensaba que en esta ciudad estaba –dijo cerca del fuego con mucha pesadumbre.
-No os preocupéis, mi lord. Esta era una ciudad pequeña, ya encontraremos el grial –dijo el joven Amad intentando alegrar a su señor.
-Eso espero, Amad, eso espero.
-No penséis más en eso, Sir Albert y admirad esta copa. Dicen que uno de los apóstoles bebió de ella, es todo un tesoro. Seguro que el Rey estará orgulloso de vos –Sir Gabriel parecía bien feliz mientras miraba la copa.
-Además, hemos hecho un gran trabajo –Sir Arthur siempre se ponía de pie mientras hablaba, no podía evitarlo –¿¿Visteis cuantos infieles moros maté?? Caían como moscas en un día de calor. ¿¿Y visteis como corrían sus mujeres y sus niños?? Ja, ja, ja... Dios debe estar orgulloso de mí.
Todos los caballeros coreaban a Sir Arthur con sus risas, todos menos Sir Albert, el cual lo miraba con cierta faz de disgusto. Algo en su interior le decía que aquellas palabras eran muy crueles y después de pensarlo un rato, no pudo evitar decirlo.
-Sir Arthur, no os parece eso un poco... ¿cruel? Es que eso de hacer correr a mujeres y a niños...
-Oh, Sir Albert, por Dios, no digáis eso nunca. No es cruel. No los maté, ¿No es así? Solo les enseño lo que deben saber, nada más.
Sir Arthur soltó una risotada después de su comentario pero la cara de disgusto de Sir Albert no abandonó su rostro, era obvio que estaba muy molesto con aquel comentario.
-Oh, vamos, Sir Albert, no miréis así a Sir Arthur. Y no penséis más en ello, los moros infieles se lo merecen. ¿Sabíais, Lord Albert, que obligan a sus mujeres a ir cubiertas del todo para humillarlas y hundirlas? ¿A que no lo sabíais? ¿A que tampoco sabíais que enseñan a sus hijos desde pequeños a odiar a Cristo y a escupir sobre sus imágenes? Seguro que si que sabéis que adoran a un falso dios maligno y lo hacen de forma lasciva y pública. Les hacemos un favor cortándoles la cabeza para que así pueda juzgarles por sus pecados el Creador de Todas las Cosas –Sir Espegol siempre hablaba con fuerza y al mismo tiempo, con un tono paternal para reforzar sus argumentos.
Todos los caballeros le dieron la razón, algunos con un simple ‘Si’ y otros solo cabeceando para afirmar lo dicho por el caballero. Sir Albert no se atrevió a rebatir, Sir Espegol no podía hablar con tal sinceridad y fuerza si realmente no lo pensara y no lo pensaría si fuera mentira, después de todo, era un caballero como él y hacía siempre lo correcto y su reputación era intachable pero, si Sir Espegol estaba en lo cierto, ¿Por qué esa extraña sensación empezaba a invadir a Sir Albert? El caballero miró a su joven escudero y este solo bajó la cabeza hacia al piso, como si no lo hubiera visto.
En los días venideros, donde pelearon por sus vidas e hicieron incursiones para recuperar más reliquias sagradas para la Santa Madre Iglesia, Sir Albert cambió su rutina. Mientras que antes entraba en las ciudades con mucho convencimiento, ahora lo hacía con mucha sutileza y solo desenvainaba su espada para defenderse de agresiones directas. Algunos caballeros le llegaron a reprochar su falta de iniciativa en ataque pero al final decidieron dejarlo hacer a su manera mientras consiguieran sus objetivos.
Después de la última incursión, una sin resultado alguno a no ser que se contaran las muertes de infieles, los cruzados decidieron descansar en un oasis cercano a la siguiente ciudad, una cuidad enorme que, a pesar de estar a mucha distancia se veía desde el oasis. Se veía hermosa y enorme, con una gran muralla blanca rodeándola, de una forma muy elegante. Mientras Sir Albert perdía su vista en el horizonte en dirección a la ciudad, su joven escudero estaba hablando con un hombre en el oasis. Sir Albert miró la escena pudo ver a dicho hombre, un hombre moreno y con turbante, un infiel, pensó. El niño dejó de hablar con el hombre y se acercó a su señor caballero.
-¿Quién es ese hombre? –dijo Sir Albert intrigado mientras lo observaba.
-Es el viejo Rafiqui, vive aquí, en el oasis. Atiende a todos los viajeros, cuenta historias y todo eso. Si queréis, podéis ir a hablar con él, os contará historias o también le podéis preguntar sobre la ciudad a la que vamos.
Eso si que le interesaba al caballero, el saber más sobre la ciudad que tenía delante, esa que era magnífica a la vista. El caballero se acercó
pausadamente al hombre, que ahora se notaba que era un anciano, mientras este se sentaba en una piedra cerca de la orilla del oasis.
-Perdonad, mi buen señor, yo... –Sir Albert no sabía como empezar la conversación.
-Ah, sois vos el caballero del que me habló el pequeño Amad, gran muchacho, si, gran muchacho. Sentaos, por favor, sentaos, ¿Qué queréis saber? –el tono del anciano era realmente amable.
-Un poco de todo, sobretodo de la ciudad. ¿No sabréis si dentro hay alguna copa sencilla o algo así? ¿Una reliquia con forma de copa?
-Vos preguntáis por el Santo Grial, el Cáliz de Cristo, ¿No es así? –el hombre esbozaba una amplia sonrisa al hablar.
-Si, exacto. ¿Sabéis si está en esa ciudad?
-No, en la ciudad no está el Santo Grial.
-Vaya... –El tono de Sir Albert era de pesadumbre, otra ciudad y tan grande y el Grial no estaba dentro –Pero, ¿Cómo sabe usted del Grial siendo un mor...?
-¿Siendo un moro infiel? –el tono del hombre no era de enfado, sino de cierta burla, como si eso fuera una buena broma.
-Bueno... si, yo, lo siento, pero... –por algún motivo, el caballero sentía que debía disculparse con aquel hombre, pero no sabía por qué.
-No importa, me han dicho cosas peores. Pero yo sé del Grial, como cualquier árabe. Después de todo, en cierta forma, para nosotros es también sagrado.
-¿Sagrado? Pero... ¿Cómo es posible? Si ustedes no siguen a Dios ni a Cristo, pero como... –Sir Albert no podía concebir tal cosa, era inaudito, imposible... era...
-Nosotros también creemos en Dios, solo que le damos otro nombre: Alá. Que no es otra cosa que Dios en árabe –el hombre sonrió al caballero mientras le hablaba –Y a Cristo, lo tenemos como un gran profeta y lo respetamos y adoramos como tal.
-Jesús era hijo de Dios –dijo casi tartamudeando Sir Albert.
-Eso es justo en lo que no estamos de acuerdo. Nosotros los musulmanes pensamos que Cristo era un gran profeta, enviado de Dios y con mucho poder, pero no el hijo de Dios. Para nosotros, el hijo de Alá era Mahoma.
-¿Mahoma?
-Si, el profeta Mahoma. Tuvo una vida muy similar a Jesús. Fue perseguido por sus semejantes y murió de mala forma, pero fue grande en todo lo que hizo, para nosotros es el hijo de Dios.
-Pero el verdadero hijo de Dios es Jesús.
-Y para nosotros, es Mahoma. Pero de todas formas da igual, ¿no es así? Al fin y al cabo, todos somos hijos de Dios, ¿No? ¿Qué importa realmente quién fuera el verdadero, si ambos fueron grandes profetas? Incluso puede que ambos fueran hijo de Alá y puede que ninguno lo fuera. Eso no lo sabemos.
El caballero se quedó pensando en las palabras, de contenido tan sabio, del anciano. Nadie jamás le había hablado de religión de esa manera y menos un infiel... o supuesto infiel. Ahora esa palabra se resistía a pasar por su mente para definir a un árabe. Durante largo rato se quedó Sir Albert sentado al lado del hombre, mientras lo miraba de reojo, con la cabeza algo baja, mientras el anciano miraba el horizonte.
-¿Y es cierto... –empezó a decir de forma baja Sir Albert mientras miraba directamente a la cara del anciano -...que humillan a sus mujeres obligándolas a ocultar sus rasgos y que las tratan como esclavas?
-¿Cómo esclavas? –una risotada fuerte resonó por todo el oasis, haciendo que hasta los otros caballeros miraran en la dirección de ambos contertulios –¿Cómo esclavas por llevar el velo? Por Alá, más bien todo lo contrario. Mirad, señor, no se cubren del todo, solo lo que tienen que cubrirse. ¿Ve a aquella jovencita de allí?
Lord Albert miró en la dirección indicada y vio a una joven, de imponente figura, con una jarra en las manos mientras hablaba con una anciana. La anciana tenía una especie de tela cubriéndole la cabeza y estaba tapada en todo menos las manos, los pies y la cara. La joven, en cambio, tenía tapado el pelo con una tela semitransparente rosada y su cara estaba tapada de la nariz hacia abajo por la misma tela, dejando al descubierto unos preciosos ojos azules que iluminaban toda su cara. Su ropa era sencilla pero llamativa, unos pantalones bombachos violetas y una blusa que le tapaba hasta las muñecas pero que dejaba entre ver su ombligo cuando se movía.
-Si, la veo –articuló Sir Albert después de un rato.
-Bien, mi lord, ¿la veis tan tapada? ¿Os parece infeliz o desgraciada?
-No, además, sus vestiduras, las que la tapan la cara y el pelo, sin transparentes, algo se consigue vislumbrar.
-Pues bien, la jovencita va así porque no tiene marido y su rostro debe cubrirlo un velo. La otra mujer viste así porque ya tiene marido y como es una mujer respetable, debe vestir así. No es solo tradición, que de por sí es muy importante, sino también es para protección.
-¿Protección? ¿Es que alguien se las va a comer con la mirada?
-No lo dudaría –dijo el hombre entre risas –Pero no. El velo se usa para diferenciar a las mujeres libres de pleno derecho de las esclavas, lo hemos hecho así por centurias. Esas mujeres son de alta clase por eso.
-No lo sabía –dijo Sir Albert en un estado de perplejidad.
-No me extraña. A ustedes los cristianos de allá de su tierra los enseñan a temernos y a odiarnos. No enseñan nuestras costumbres y como temen lo que desconocen y odian lo que temen... Una cosa lleva a la otra.
-Pero yo he oído de... –el caballero pensó largo rato la siguiente palabra –árabes que han hecho cosas horribles.
-No lo pongo en duda, pero no se puede juzgar a un pueblo por unos pocos. Nosotros hemos visto cosas horribles hechas por cruzados y caballeros cristianos, ¿Deberíamos nosotros empezar a pensar que son todos malos? Yo creo que no, o no estaría hablando con vos ahora mismo.
-Pero si no son todos malvados, si hay gente buena, ¿Cómo puedo...? –Un río de ideas se pasaba por la mente del caballero, haciéndole lucubrar terribles cosas en su cabeza.
-Quizás debierais escoger vuestro propio camino, como hizo Mahoma, que demostró que no todo era blanco o negro, sino que había matices.
-Mahoma... ¿Podéis contarme alguna historia sobre ese profeta vuestro? Es para conocerlo mejor.
-Claro, la historia Mahoma y su camello define bien a nuestro profeta y sus acciones. Escuchad bien:
“Cuentan las historias que cuando el santo profeta Mahoma huyó de la ciudad donde estaba la Caaba, perseguido por la envidia y el odio de sus conciudadanos, buscó refugio en las inmensas soledades del desierto.
Amer y Dukar, dos de sus más encarnizados enemigos, siguieron las huellas de su camello. Más que el odio, les guiaba la enorme recompensa que el Caíd de la cuidad había prometido al que trajera, vivo o muerto, al profeta.
El sol se ponía en el horizonte. El viento Simoum rugía con enorme violencia levantando columnas de arena. De pronto, el santo árabe vio a lo lejos las siluetas de sus perseguidores. Bajó de su camello, y, mirando angustiado a uno y otro lado, sólo pudo encontrar una antigua cisterna seca, donde, en el fondo, únicamente crecían unos pálidos cactus, llenos de espinas.
No lo dudó un instante. Con presteza bajó, desgarrándose las carnes, hasta el fondo del pozo. Desde allí oyó acercarse las pisadas de sus perseguidores.
-Mira, ése es su camello –gritó uno.
-Observemos esta cisterna. Tal vez se haya refugiado en ella.
Los dos hombres se asomaron por el brocal, pero, al ver las horribles espinas que tapizaban las piedras amarillentas, exclamaron:
-Ha huido. Tal vez esté en aquellas dunas. La noche lo protege.
El más joven reparó en el camello. Era viejo y estaba casi pelado. Su pellejo pardo tenía una cenicienta mancha en el pecho, en forma de media luna. El árabe lo tomó por la rienda y exclamó:
-Si no tenemos a su dueño, al menos tenemos su camello. Matémosle y hagamos creer que una fiera ha dada cuenta de los dos.
-Es cierto, todo el mundo nos creerá si llevamos la piel del camello.
Ya brillaba el puñal herido por el resplandor de la luna cuando el brazo de Dukar se paralizó en el aire.
-Por Alá, Dios del cielo. Esperad. Aquí me tenéis. No matéis a mi pobre camello –gritó el profeta desde el fondo del pozo.
Los jóvenes quedaron estupefactos. Se asomaron a lo hondo y vieron al profeta con las ropas llenas de sangre. Mahoma suplicaba:
-Podéis hacerme prisionero. Llevadme ante el Caíd de la Meca, y que mi cabeza ruede por el suelo. Yo os bendeciré desde el Paraíso, si dejáis en paz a mi camello.
Los dos jinetes izaron al santo profeta con las riendas de una cabalgadura, y, maravillados por su gesto, le preguntaron:
-¿Por qué habéis hecho esto?
El profeta levantó su mano y señaló las cercanas colinas:
-¿Veis esas dunas de arena? Hace muchos años, cuando yo no era más que un humilde camellero, una caravana se dirigía con sus mercancías hacia Medina. El sol ardiente, la larga caminata y las privaciones hicieron que cayera desfallecido sobre la arena. El jefe de la expedición se paró un momento y, notando que mis ojos estaban turbios e inmóviles, ordenó seguir la marcha. Una tormenta rugía en el horizonte y no había tiempo más que para huir a toda prisa hacia la ciudad.
‘La larga fila de hombres y animales pasó junto a mí. En último lugar iba un viejo camello, a quien yo, alguna vez, por piedad, había curado los brutales latigazos del amo.
‘El camello se paró junto a mí, como si su pobre cerebro le indicara que yo necesitaba ayuda, la caravana se perdió en el horizonte y el animal se echó junto a mí para darme el poco calor que tenía. Por el día, su sombra debió protegerme de los ardores del sol, hasta que, en la tercera jornada, abrí los ojos, como el que resucita. Nunca olvidaré la mirada del pobre animal. Su lengua áspera lamió mi rostro y, luego, como si la mano de Alá guiara, comenzó a andar para que yo pudiera arrastrarme cogido de sus riendas. En aquellos tiempos, esta cisterna no estaba seca; de aquella roca brotaba un manantial que la llenaba con sus aguas cristalinas. Hasta aquí me trajo para que yo pudiera saciar mi terrible sed. En sus alforjas encontré dátiles, miel y queso, que me hicieron recuperar fuerzas. Alá es testigo de que, si no es por aquel animal, ahora no os podría contar esta historia.’
Los jóvenes quedaron silenciosos un momento y luego preguntaron:
-¿Y murió ya vuestro camello?
Mahoma negó con la cabeza.
-No. Aquel camello es éste a quién vosotros queríais matar para cobrar vuestra recompensa.
Los jóvenes, conmovidos, acariciaron la cabeza del viejo animal. Mahoma recogió su capa desgarrada y, desatando su alfanje, lo ofreció a los dos jinetes diciendo:
-Ahora llevadme ante el caíd. Vuestro soy.
Aquéllos, con lágrimas en los ojos, se arrojaron a los pies del profeta y exclamaron:
-Alá nos perdone. ¿Cómo podríamos vender a un hombre que tiene un corazón tan compasivo? ¿Acaso hemos de tener menos piedad que vuestro camello?
Y subiendo sobre sus cabalgaduras se perdieron, camino a la Meca, entre doradas columnas de polvo. FIN.”
El caballero se quedó pensando en la historia, una de las más conmovedoras historias que había oído nunca. ¿Así que ese era el hombre que era el hijo de Dios para los musulmanes? La historia contada, desprendía tanta compasión y bondad de aquel Mahoma como si la historia fuera sobre Jesucristo. ¿Cómo era posible eso?
-Ahora no sé qué hacer –dijo en un suave susurro el caballero.
-Joven cruzado, no todo es blanco y negro, hay matices y no solo está el camino de la derecha o el de la izquierda, sino también está el del centro. Y muchos otros intermedios entre estos tres, solo tenéis que buscar el que os vaya bien para vuestros ideales. ¿En qué creéis vos?
Sir Albert se lo pensó largo rato, antes de contestar. ¿En qué creía él?
-En la Iglesia, en mi Rey y en mi honor. Pero ya no creo tanto en una Iglesia que manda matar y asesinar a gente que no es malvada solo porque sus creencias distan un poco de las nuestras y a mi Rey... En ese creo que dejé de creer hace ya tiempo. Antes también creía en la Caballería pero he perdido esa fe en el viaje. Y pensar en todos los esfuerzos que me costó ser caballero, lo idealista que fui siempre.
-¿Os costó mucho haceros caballero? –dijo el anciano con una mano en el hombro de Sir Albert.
-Muchísimo, todos los que aquí veis, en su casi totalidad, son caballeros por ser nobles y ricos y todo eso. Yo empecé por ser escudero y fui subiendo.
-El Corán tiene un dicho para los ricos. “Antes pasará un camello por el ojo de una aguja, que qué un rico entre en el Reino de los Cielos”.
-El Corán... ¿Qué es el Corán?
-Es nuestro libro sagrado, como la Biblia para los cristianos. De hecho, es la Biblia, pero con una pequeña añadidura por nuestra parte, sobre la parte de la vida de Mahoma y todo eso, de resto, es prácticamente igual.
-Vaya, algo nuevo. Pero ahora estoy del todo confundido, no sé qué hacer.
-Lo entiendo, es difícil dejar de tener una fe ciega para ver la realidad tal como es. Pero, le ayudaré. ¿Veis a aquella mujer de allí, la que está en el agua escanciándola?
El caballero entornó sus negros ojos y fijó su vista en una muchacha joven, tocada por un simple velo. Tenía una jarra grande en el agua y en una de sus manos una jarra diminuta con la cual llenaba la grande, en unos ágiles movimientos.
-La veo, ¿Qué pasa con esa mujer?
-Lo que hace, escanciar el agua, representa a la Templanza.
-¿La Templanza?
-Si, La Templanza, el camino del medio. No tenéis que ser un asesino de musulmanes ni tenéis que uniros a nosotros contra los cristianos. Solo debéis luchar por lo que creéis justo y bueno. Por vuestros ideales. Seguro que haréis lo correcto.
El caballero pensó en esas palabras largo rato, muy largo rato. Justo cuando iba a virarse para darle las gracias al anciano, una nube de polvo se levantó en el horizonte. Todos en el oasis salieron corriendo, incluido el anciano. Pronto se empezaron a distinguir figuras entre el polvo.
-¡¡Nos atacan!! –dijo a voz en vivo Sir Arthur.
Era un nutrido grupo de guerreros árabes, con sus cimitarras al viento. Venían de la ciudad que ellos iban a asaltar y era obvio que pretendían liquidarlos antes de que llegaran. El número era enorme, difícilmente calculable. Pronto estalló la primera confrontación y entrechocaron las espadas y el ruido del metal se mezcló con los gritos de la gente. Sir Albert, el caballero al mando de todos aquellos cruzados que peleaban, estaba inmóvil, quieto, mirando la escena mientras no hacía nada. Petrificado por el miedo o por alguna otra cosa. En su cabeza volaban las dudas de un lado al otro, no permitiéndole pensar en ninguna otra cosa. Todas sus dudas se aliaron para rondarle la cabeza en aquel momento, mientras sus compañeros peleaban y morían contra el grupo asaltante. Los cruzados caballeros empezaron a llamar en auxilio a su amigo, el cual empezó, poco a poco, a salir de aquel trance hipnótico en el que sus dudas lo mantenían. Se llevó las manos hasta su negro y medio rizado pelo, agarrándolo con fuerzas hasta el dolor mientras repetía una y otra vez que no podía atacar, no a aquellos hombres ahora que sabía que no eran monstruos malvados.
De repente, de los rescoldos de su memoria surgió la imagen de la mujer escanciando agua, La Templanza. Esas palabras resonaron en su mente durante un instante. Sir Albert alzó la cabeza y vio la encarnizada lucha, con sus compañeros en medio y consiguió vislumbrar a su escudero Amad, el cual también peleaba con aquella espada corta que llevaba siempre del cinto y que a Sir Albert, más de una vez, le pareció más un juguete que un arma. Todas las palabras, las imágenes y las dudas se juntaron a la vez en su cerebro para crear, por primera vez en su existencia, una imagen terriblemente clara. Todo eso culminó en un grito enfervorecido que salió de su garganta al mismo tiempo que desenvainaba la espada. Después de eso, unas palabras que se perdieron en el ruido de la batalla mientras él entraba en combate.

***

De aquella batalla no hubo ni un solo sobreviviente, nadie para contarla excepto los agresores, los cuales regresaron triunfantes a la ciudad de muralla blanca. Los habitantes del oasis enterraron ahí mismo a los cruzados. En una tumba improvisada, una estela de madera puesta por la joven que escanciaba agua y adornada por flores del desierto. La mujer estaba terriblemente cerca cuando el hombre valerosamente entró en batalla y fue la única que oyó lo que el cruzado decía al viento mientras iba a salvar a los demás, por eso, copió esas últimas palabras en la improvisada lápida de madera. Y en perfecto árabe, estaba escrito lo siguiente:
“MI NOMBRE ES SIR ALBERT CAMUS Y SI NO PELEO POR MI REY O POR LA IGLESIA, AL MENOS PELEARÉ POR MI HONOR, LO CUAL ES... MI VIDA”.
FIN

Otra Cadena

Esta es mucho mas personal que la anterior, de ahi que tambien quiera contestarla



Rojo es amor:
1. Amás a alguien?: No, querer si pero amar no
2. Crees en amor a primera vista? : No
3. Crees en el amor?: Si
4. Alguna vez estuviste enamorado?: No estoy seguro, cuando se sienten mas cosas por alguien que nunca te da bola que por tus anteriores parejas el concepto de amor y enamorarse pierde peso



Azul es enojo:
1. Estás enojado con alguien?: Si
2. Quién de tu familia está siempre de mal humor?: Mi viejo
3. Alguna vez le tiraste algo a alguien?: Si
4. Hay alguien enojado contigo?: Seguramente
5. Alguna vez lastimaste a alguien estando enojado?: Si
6. Cuando estas enojado prefieres dejarlo o discutirlo?: Discutirlo



Amarillo es personal:
1. Nombre: Diego
2. Fecha de nacimiento: 15/12/1986
3. Cuando quieres morirte?: De viejo, con nietos a los que pueda ver crecer
4. Querés tener hijos?: Si



Naranja es emoción:
1. Alguna vez te hicieron una fiesta sorpresa?: No
2. Si ganaras un millón de dolares, a quien le darías primero?: A mis padres
3. Si pudieras tener algo/alguien ahora qué/quién seria?: Algo y alguien. Un persona del sexo opuesto que esté cuando la necesite, con la cual pueda compartir salidas, cariño, una cama.



Verde es opiniones:
1. Estás en contra del casamiento gay?: Para nada, totalmente a favor
2. Permitir alcohol en menores?: No me gusta, pero van a tomarlo igual
3. Estás en contra del aborto?: No, totalmente a favor



Violeta es preguntas y respuestas:
P: En cuantas camas te acostaste hoy?R: 2
P: De qué color es tu polera?R: Negra
P: Nombra algo que hiciste hoy?R: Bañarme
P: A quien viste la mayor parte del día?R: A mis viejos
P: La persona que te gusta tiene facebook?R: Si
P: Mirá a tu derecha, que ves?R: Un pantalon de jean
P: Qué pagina visitas mas?R: Facebook, Surfthechannel
P: Tienes planes para hoy?R: Si, ir a buscar un remedio y llevarle un libro a Daiana
P: Algo que te duela ahora?R: El pecho, maldito gimnasio
P: Ultima vez que lloraste?R: A los 6 años



Rosa es último/a:
1. Película que miraste?: Entera? Una Mente Brillante
2. Canción que escuchaste: Tu Tienes lo que Quiero (Maná)
3. Persona con la que hablaste: Mi vieja
4. Ultima persona que te dijo que te amaba: Mi ex :s



Gris es hoy:
1. Qué vas a hacer hoy a la noche?: Lo mismo que hago todas las noches... nada
2. Con quien estuviste hoy?: Mi familia (son las 3 de la tarde...)



Marrón es para el futuro:
1. Mañana es: Viernes
2. Qué vas a hacer el próximo fin de semana?: Seguramente nada, la gente que no está en la costa ya tiene planes
3. Vas a ver a alguien que te guste?: No porque no voy a hacer nada
4. Si estás durmiendo y alguien te llama, que dices?: Nada, salvo que sean las 3am y yo no haya podido dormir
5. Tienes algún secreto guardado?: Si
6. Como esta tu corazón ahora? : Latiendo por suerte... más allá de eso, algo abandonado
7. Algo de la ultima persona que te llamó: Ivanna, para ver donde nos encontrabamos
8. Qué estás escuchando? : Música (Maná)
9. Hay alguien que te cuide mas de lo debido?: Mi familia. Y en ocasiones, mis amigas (dai...)
10. Qué tienes en los pies? : Medias
11. Qué piensas de la gente que se droga?: Que es su problema
12. Te gusta alguien? : Si
13. Alguna vez abrazaste a alguien y te arrepentiste?: De un abrazo? No
14. Vas a estar en una relación el próximo mes? : Hace más de 2 años que no estoy en una relación, así que seguro que no
15. Último lugar en el que abrazaste a alguien?: Sin contar a mi familia? A ivanna en la parada del bondi
16. Última persona que estuvo en un auto contigo?: Christian, maro y naty
17. Tienes algún mejor amiga/o? : Si, ambos
18. Te acuerdas como eras el año pasado? : Igual que ahora
19. Qué estabas haciendo el viernes a las 10 p.m?: Cenando en lo de naty por su cumpleaños.
20. Extrañás a alguien?: Si
21. Vas a estar en una relación en tres meses?: Con mi historial de rechazos lo dudo
22. Tienes sueños raros?: Si
23. Confías en todos tus amigos? : No
24. ¿Quien fue la primera persona con la que hablaste hoy?: Mi mamá
25. Qué fue lo primero que hiciste cuando te despertaste?: Bañarme
26. Mides mas que 1,50?: Si
27. Está tu celular cerca tuyo? : Siempre
28. Última persona del sexo opuesto con la que hablaste? : Mi mamá
29. Primera cosa que pensaste hoy a la mañana?: Tengo sueño
30. Ultima vez que estuviste feliz con tu vida?: Ahora. Estoy bajón, podría cambiar muchas cosas, me siento solo, algo abandonado... pero tengo techo, una familia que me quiere, comida, ropa, amigos, me bancan los estudios. No puedo no estar feliz.
31. Hay alguien con quien pienses que vas a estar toda tu vida?: Seguramente, pero aun no la conozco
32. Existe el amor? : Si
33. Si te casaras con la ultima persona que te mando un mensaje, quien seria esa persona?: Daiana
34. Última vez que te reiste mucho? : Ayer con Christian
35. La primera persona que te habló hoy era hombre o mujer?: Mujer
36. Estabas feliz cuando te despertaste hoy?: No, tenía sueño
37. Que harías si alguien te dice que esta enamorado de tu herman@?: Me alegraría por el, total le llevo 8 años
38. Qué estabas haciendo ayer a las 9 p.m?: Cenando
39. Alguien te llamó ayer a la noche? : No
40. Piensas que puedes durar en una relación mas de 6 meses?: Si
41. Si alguien gustara de ti ahora te gustaría que te lo diga?: Si
42. Piensas que vas a estar casado en 10 años?: Espero
43. Ultima persona que te vio llorar?: Mis viejos
44. Usas el cinturón de seguridad? : Siempre que peudo

Una cadena

No soy de responder ni darle bola a cadenas, pero estas cosas son las que ayudan a conocerse más a uno mismo mediante ciertas preguntas, y también ver como cambia uno con el tiempo.

Como no quiero que todo el mundo vea lo que escribo no las respondo por amil, pero me parecio piola ver que onda en este lugar olvidado.



Nombre: Diego
- Fecha de nacimiento: 15/12/1986
- Edad: 22
- Signo: Sagitario
- Altura: 177cm
- Color de cabello: Castaño oscuro
- Color de ojos: Marrones
- Profesión: Estudiante



FAVORITOS:
- Canción: Violeta
- Película: Sol Naciente
- Canales de TV : Universal, Fox, FX
- Color: Verde
- Flor: Azalea
- Deporte: Basquet
- Equipo de fútbol: CASLA
- Animal: Perro (pero soy alergico)
- Bebida: Coca Cola / Cerveza / Tequila
- Postre: Helado
- Sabor de helado: DDL Granizado y Chocolate con Almendras
- País: Inglaterra
- Número: 14
- idolos: Ninguno
- mejor amigo?: Christian
- mejor amiga?: Daiana e Ivanna (ivi, te falta escuchar un poco más)
- gente importante: Mi familia y mis amigos



ERES:
- Celoso?: Algo
- Envidioso?: Poco
- Rencoroso?: Bastante
- Vengativo?: Si
- Miedoso?: No
- Egocentrico?:Algo
- Vanidoso?: Poco
- Creativo?: Bastante
- Soñador?: Si
- Feliz?: Algo
- Fiel: Si
- Aburrido?: Depende, me aburro mucho pero no me considero aburrido
- Enamorado: Me engancho facil, pero amor es una palabra muy fuerte, asi que no se
- Contento?: A veces
- Disponible?: Si
- Comprometido?: En cuanto a casamiento no, sino siempre
- Leyendo algún libro: Si, Contagio
- Hablando con alguien ahora mismo?: No
- Escuchando música?: Si
- Que escuchas?: Tu Tienes lo que Quiero (Maná)



ALGUNA VEZ:
- Viajaste al exterior?: No
- Fumaste?: Si
- Nadaste desnudo: Estuve desnudo en el mar, pero no nadé
- Has espiado a alguien?: Si
- Hiciste algo de lo que te arrepientes?: Si
- Te enamoraste?: De nuevo esa palabra... digamos que si
- Te rompieron el corazón?: Si
- Noche o día?: Noche
- Frió o calor?: Templado... pero si tengo que elegir, calor
-Televisión o internet?: Inernet
- Pepsi o coca-cola?: Coca
- Sprite o seven Up?: Sprite
- Casa o departamento?: Casa
- En persona o por teléfono?: Persona
- pokemon o flayte?: Malditas cadenas chilenas... flayte, es la version chilena del cheto
- Comedia o drama?: Ambas
- Playa o Montañas? : Montañas
- Verano o invierno?: Verano
- Zurda o diestra?: Diestra
- Cabello largo o corto?: Corto para mi, largo para las chicas
- que el de el primer paso o tu?: Cualquiera
- amor a distancia?: No



¿ SÍ O NO ? :
- Tienes un diario?: No
- Tienes un secreto que no le hayas contado a nadie?: Si
- Crees en el amor?: Si
- Te bañas todos los días?: Si
- Te quieres casar?: Si
- Te gustan las tormentas?: Si, si no me agarran
- Tienes una mania?: Si
- Tienes una polola?: Novia... no
- eres feliz: Algo
- el mejor remedio para el olvido: una lobotomía, o alzheimer



LOS ÚLTIMAS DIAS TÚ HAS :
- Llorado?: No
- Ayudado a alguien?: Si
- Comprado algo?: comida, la ultima vez que compre algo fue un par de aros
- Enfermado?: Si
- Ido al cine?: No
- Dicho “te quiero”: Muchas veces
- Escrito una carta?: No
- Hablado con alguien que hace tiempo no hablabas?: No
- Tenido una conversación seria?: Si
- Abrazado a alguién?: Si
- Soñado despierto?: Si
- Decir te amo?: No



ALGUNA VEZ PODRÍAS:
- Comer un bicho?: Si
- Matar a alguien?: Si, si pusieran en peligro a mi familia o a mis amigos/as mas queridos loharía sin dudarlo. También moriría por ellos
- Cantar en un karaoke: Si
- Emborracharte?: Si
- Hacerte un tatuaje?: Si supero mi temor a las agujas
- declararte: Si
- besar a tu mejor amiga?: Si, me gustaría volver a hacerlo y recordarlo